Desesperanza (09-12)

Esta mañana desperté como casi todas las mañanas:

Cansada.

Derrotada.

Confundida.

Hace ya algunas semanas que mis días pasan así: una repetición constante del estrés tóxico, de la angustia perpetua y la desesperanza tratando de colarse una y otra vez por la ventana del pasillo.

Trato de impedirlo constantemente pero, la verdad, es tan difícil que muchas veces termina envolviéndome como la neblina y termina por desgastarme más.

Así cada día.

24 horas…

7 días a la semana.

 

 

¿Desesperante verdad?

 

 

Lo peor de todo es que no encuentro el consuelo que antes me reconfortaba en los días grises…

 

Una taza de chocolate caliente.

Una lluvia pasajera que inundara la habitación del olor a tierra húmeda.

Tus brazos rodeándome y besándome en la frente sin importar nada más…

 

¿A dónde se ha ido todo eso?

 

Ya no hay lluvias pasajeras que me calmen…

Ahora solo hay tormentas eléctricas que me asustan y que forman parte de mis pesadillas, con perros en las calles bajo el frio inclemente del abandono.

 

Ya no hay una taza de chocolate caliente…

Es tan solo una taza vacía más.

 

Y tus brazos…

Si están.

Pero ya no rodeándome y calmando mis miedos eternos…

 

Solo están allí.

Lánguidos.

Silenciosos.

 

Y la verdad…

Creo que ahora es mejor cuando no están.

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