Soñando y Traspasando Fronteras

Proyecto Kahlo es una de esas páginas en las que consigues textos con los cuales te identificas, diferentes puntos de vista en un solo lugar y letras con las cuales reír, llorar y reflexionar. Es un espacio pensado por mujeres para mujeres, pero también, para aquellos hombres que ven mas allá de las reglas de la sociedad y pueden traspasar las barreras de los tabúes, prejuicios y cánones sociales establecidos.

Así, cada mes en Proyecto Kahlo hay un tema en particular y el tema del mes de Octubre son las Fronteras: esas que existen en nuestras mentes, nuestros corazones y nos dividen en infinitos lugares diferentes. Como las chicas de Proyecto Kahlo nos invitan mes a mes a ser una “frida” mas que colabora en su espacio, les invito a leer (opinar y participar) el texto que pueden encontrar originalmente aquí.

Originalmente publicado en Proyecto Kahlo:

Estos días nos han movido las diferentes noticias internacionales sobre los conflictos fronterizos: el plan migratorio de Donald Trump para “solventar” la problemática de Estados Unidos y México; las deportaciones y la tensión entre Venezuela y Colombia, el eterno y doloroso conflicto de Israel y la Franja de Gaza, la crisis migratoria en Europa con los refugiados… Y, en medio de conflictos bélicos, familias separadas, huidas peligrosas, infancias arrebatadas y tragedias en medio del mar hace falta preguntarnos: ¿Qué nos está pasando como humanidad?

Para este punto imagino que ya todas han visto el video de la reportera húngara Petra Lazlo que, en medio de su cobertura periodística, mostró su desprecio hacia los refugiados al colocar su pierna para que se cayeran o patearlos: más indignante aun que se trataban de mujeres, niños y padres con sus hijos en brazos huyendo de su propia pesadilla. No, aun peor: Fue una mujer, la que en medio de un acto carente de toda sensibilidad y compasión ante la desgracia ajena demostró cuan mal estamos como sociedad. Sin importar las latitudes. Sin importar las fronteras.

¿Qué porque peor porque sea una mujer? Porque nosotras, que históricamente hemos sido víctimas de diferentes vejaciones e injusticias, que luchamos día a día para que nuestros derechos sean reconocidos, que se nos insulta y atropella incluso en la acción más insignificante del día a día, nos acompañamos siempre en los momentos de desesperanza y abusos ¿Cómo podemos ser parte del odio, del rechazo y la vejación?

Creo que mas allá de los problemas políticos y económicos en los que se ven envueltos nuestros países en esta búsqueda insaciable de poder (que es la rueda que mueve el mundo), el problema real radica en nosotros como colectivo, en nuestros prejuicios, nuestras individualidades, nuestras barreras mentales. Nos hemos convertido en “zombis” que vagan por el mundo sin importar lo que le sucede al otro: ¿Qué le sucederá?/ ¿Qué pasará por su mente?/ ¿En qué le podré ayudar?:

¿Alguna vez nos hacemos esas preguntas por alguien ajeno a nosotros?

Nos hemos convertido en esclavos de nuestros equipos, 24 horas al día conectados a maquinas que nos permiten aislarnos totalmente de la realidad que nos rodea, que nos persigue y asfixia día tras día. Nos preocupamos más  por parecer uno más del montón, por los likes en instagram y por lo que nuestros amigos pensaran del vestido que usaremos para la fiesta del próximo viernes en la noche. Si algo nos molesta o nos sentimos incómodos donde nos encontramos solo velamos por lo que nos interesa pero jamás  nos preguntamos:

“¿Qué pasará con los demás?/ ¿Qué pasara sin mi aquí?”

Estamos tan enajenados de nuestra realidad, tan absortos en nuestro mundo paralelo que aquellos que se muestran más humanos, mas ávidos al cambio y a lo que nos rodea son seres extraños y excepcionales… Se les “admira” y “respeta” y se dicen frases como “ojala existieran más personas como tú” pero nunca escuchas de sus bocas:

“¿Cómo puedo Ayudar?

¿A dónde puedo acudir?”.

Allí radican nuestras verdaderas fronteras. Las verdaderas “cicatrices” de nuestra tierra. En lo que no vemos, en lo que desconocemos, en lo que nos empeñamos tanto en ignorar pero está ahí: es una realidad. Si nos quitáramos las mascaras, las vendas de los ojos y empezáramos a ver un poco mas allá, a realmente sentir por el otro y a caminar con sus zapatos, quizás, solo quizás, podríamos saltar los muros, las franjas, los prejuicios que nos dividen y unirnos verdaderamente. ¿No sería fabuloso que en vez de admirar a otros seas tú uno de ellos?

Por mi parte, “I have a dream”: a pesar de todas las viscitudes, todos los obstáculos y las dificultades del momento que atravesamos, yo sigo soñando y construyendo, avanzando y luchando contra mis propios miedos, mis propias barreras. Soy una soñadora, pero sé que no soy la única como decía Jhon Lennon. Y lo más importante es que sé que ese sueño traspasa barreras. Traspasa muros. Fronteras.

¿Quieres ser tú también una soñadora?

¿Quieres ser tu también un soñador?

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